Khaled se encontraba feliz, dejando en cada mesa del local donde acogía cada tarde a los muchachos para realizar tareas extraescolares, un lápiz y un cuaderno. Era el día uno de enero y quería que cada muchacha y muchacho que asistían al grupo, tuviera posibilidad de poner en escrito algún deseo y cómo se imaginaba que podría llevarlo a cabo. Fueron entrando y sentándose en las mesas. Sonrió feliz al ver que Ghada asomaba por la puerta, aquella chica tenía mucha mano para los chavales. Ghada cerró después de entrar. En la sala reinaba una algarabía llena de buenos sentimientos, menos en un rincón donde una muchacha lloraba mientras leía una hoja de periódico que se había traído con ella.

             -¿Qué sucede? Preguntó Ghada. La muchacha la miró mientras empapaba sus lágrimas en el dorso de ambas manos. Le indicó un titular: 56.000 migrantes han llegado a nuestro país este año, de los cuales unos 700 han perdido la vida.

             – Estos números, dijo la muchacha, son números muertos, todos, porque los que no estén entre los 700 muertos, son medio vivos, que seguramente acabarán en la nada y el olvido.

             Ghada se vino abajo, se sentó al lado de la muchacha y la abrazó. Ambas lloraron en silencio un rato.

             – ¿Cómo te llamas? La muchacha contestó: Aquí me han puesto un nombre, muy bonito, Rosa, pero mi verdadero nombre no lo recuerdo, llegué tan pequeña…, ni siquiera sé si me habrían puesto nombre en mi tierra, he sabido que allí a los pequeños y pequeñas no se les pone nombre hasta que no llegan a los cinco años, creo, no  quieren ilusionarse por si no llegas a esa edad.

Mordida existencial: ¿Es una historia inventada? ¿Es una historia real? ¿Es la historia repetida de la humanidad? ¿Es una historia sin final? Si por un momento me pongo en el pellejo de una persona, y para meter aún más el dedo en la llaga, de una persona femenina y menor, que ha sido arrancada de sus raíces, no llego a comprender cuánto dolor ha podido soportar. Si cierro los ojos e intento visualizar a una niña refugiada, por ende pobre y seguramente maltratada… no llego a saber qué destino le aguarda a esta humanidad que ha sido capaz de llegar a la luna y que podría enviar a Marte otra nave con solo la energía que genera nuestro egoísmo.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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