Vivió siempre entre ideas e ideales, entre sueños y ensoñaciones de cosas por venir. Vivió siempre rodeado de otra gente que apenas soñaba, que solamente pasaba por allí y que solamente tenía la vida como un objetivo secundario.

Recibió burlas… y algunos halagos también, aunque la gente es más dada a lo primero que a lo segundo. Creyó en lo que hacía y en lo que hacía la gente buena con la que a veces se encontraba. Buscó ser feliz cuando todos a su alrededor se empeñaban en que no lo fuera. Y siempre pensó: “Es tan fácil…”

Recorrió los caminos, tropezando muchas veces, levantándose otras muchas y volviendo a tropezar ¡hasta varias veces en la misma piedra! Y siguió sin aprender que la mala gente siempre pone la zancadilla, siempre pone el pie en vez de la mano, y siempre rie cuando te escuernas en vez de ayudarte a levantar.

Vio sonrisas, algunas veces también existen. Y vio penas, muchas penas.

Y escapó de la mala gente, de la que solamente existe para que no existan los demás, de las que te chupan las energías como auténticos vampiros de la vida, de aquellos que están porque tiene que haber de todo.

Trató de olvidarse de todo y volver a la esperanza, a esa esperanza que existía en sus sueños y de la que no quería desprenderse.

Angel Lorenzana Alonso

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