La organización agraria ASAJA de León pide una reflexión a las administraciones con competencias en política agraria, y a los operadores del sector, ante el hecho de que las dos denominaciones de origen en el sector del vino registren los rendimientos de uva por hectárea más bajos de toda España.

A lo largo de esta semana se han conocido los datos de uva controlada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo, de 11,2 millones de kilos de uva, lo que supone rendimientos por hectárea próximos a los 4.000 kilos. Así mismo se han conocido los datos de producción de uva en la D.O. Tierra de León (ahora D.O. León), que con 1.400 hectáreas inscritas, ha controlado 3,5 millones de kilos de uva, con rendimientos por lo tanto de 2.500 kilos de uva por hectárea. Si convenimos que unos rendimientos medios razonables son los 6.000 kilos por hectárea, el déficit productivo en la D.O. Bierzo es del 33,3%, mientras que en la D.O. León es del 58,3%.

ASAJA niega que los rendimientos en ambas zonas de producción de uva de calidad de la provincia de León, a pesar de algunas condiciones climáticas desfavorables, sean tan desastrosos como denotan los datos oficiales de las denominaciones de origen. Lo que realmente ha ocurrido es que una parte importantísima de la producción de uva de la provincia se ha vendido a otras zonas productoras, incluida  Castilla La Mancha por insólito que parezca, y se ha vendido a bodegas que etiquetan como “Vino de Castilla y León” o simplemente como vino de mesa. En el caso de la “D.O León” las bodegas inscritas no han comprado la producción de uva de todas las viñas inscritas, y los viticultores han tenido que vender, a “precios de derribo”, al primer comprador que han podido. En el caso del Bierzo, la fuga de uva no ha sido tan elevada, y lo que se ha producido es una “desatención de la viña” por parte de viticultores no profesionales, a la vez que se cuenta con un censo de de viñedo “inflado” que distorsiona los datos estadísticos.

ASAJA pide a todo el sector una reflexión serena y un posterior cambio radical en el modelo de negocio para poner en valor la uva y el vino de la provincia de León, donde se marque como objetivo crecer en superficie y volumen, etiquetar la totalidad de la producción que reúna los requisitos de calidad, vender productos de valor añadido y, consecuencia de todo ello, pagar por la uva precios remuneradores acordes con los que se manejan en las zonas de producción limítrofes a las nuestras.

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