El tradicional duelo de Las Cabezadas, que se remota a casi 1.000 años, finalizó como lo viene haciendo desde tiempo inmemorial, en tablas. El síndico municipal, Fernando Salguero, y el capitular del Cabildo de San Isidoro, Luis García Gutiérrez, volvieron a tirar de la ironía y de la historia para finalizar su enfrentamiento dialéctico sobre si la ofrenda que se realiza es voluntaria u obligatoria. La lluvia respetó el momento de las intervenciones en el Claustro de San Isidoro. Paradójicamente, la lluvia dio origen a esta tradición leonesa que año tras año mantiene en jaque a ambas instituciones de la ciudad.

Un año más, el Cabildo de San Isidoro y el Ayuntamiento de León discutieron esta mañana sobre si la ofrenda que el pueblo hace cada año, en forma de cirio de arroba hachones de cera es ‘foro u oferta’, obligatoria o voluntaria.

Los representantes del Cabildo, Luis García Gutiérrez, y del Ayuntamiento, Fernando Salguero, no alcanzaron acuerdo por lo que habrá que esperar al año próximo para ver si finalmente se rompe la tradición.

Casi 1.000 años de celebración

Fue en el año 1158 cuando una pertinaz sequía asolaba los campos del Reino de León, que en aquel momento se encontraba en su época de mayor esplendor. El pueblo, bajo el reinado de Fernando II, decidió sacar en procesión las reliquias de San Isidoro, al ver que las rogativas precedentes no habían dado resultado a la hora de solventar esa sequía. El cortejo se dirigía hacia el monte de San Isidro y al llegar a Trobajo del Camino aparecieron nubes negras que descargaron lluvia con tanta fuerza que transformaron la tierra en barro y provocaron que las andas que portaban la urna con las reliquias se atollasen. Era imposible moverlas por mucho que lo intentaron los fornidos jóvenes que formaban parte de la procesión. La reina doña Sancha, tía de Fernando II, y otras damas oraron y ayunaron durante tres días. Fue después cuando cuatro niños de apenas diez años de edad lograron sacar las andas sin dificultad alguna.

Desde ese momento el pueblo de León acude a honrar a San Isidoro. El debate de las Cabezadas se centra en si esa visita a la Basílica se hace a iniciativa propia del Consistorio o si existe una obligación, que es la postura que mantiene el Cabildo de la Basílica. 

El ceremonial

La comitiva municipal, con el Pendón de la ciudad, portado por la concejala más joven, arranca del Ayuntamiento de San Marcelo, continuando por las calles Ancha y del Cid hasta la Plaza de San Isidoro donde les esperaban los Pendones de León. Diez minutos después, el Cabildo de San Isidoro sale a la puerta de la Basílica acompañados por los miembros de la Real Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro.

Se adelantan la concejala de más edad, la secretaria del Ayuntamiento y el jefe de la Policía y tras saludar a los miembros del Cabildo recogen al abad y regresan para saludar al alcalde y al resto de la Corporación. Posteriormente, el abad da su brazo derecho al alcalde, se dirigen a saludar a las autoridades asistentes y a continuación avanzan todos hacia el claustro.

Se rodea el Claustro colocándose a un lado la Corporación, con sus maceros y guardia de gala; en el lado opuesto el Cabildo y la Real Cofradía; y cerrando ambos lados el resto de autoridades.

Se inicia la ceremonia del ‘foro u oferta’. El síndico municipal, en sus tres intervenciones, expone que la ofrenda es voluntaria mientras que el capitular del Cabildo alega que es por obligación y así ordenan cada uno que conste en las actas correspondientes.

Finalizadas las intervenciones, el alcalde hace entrega al abad del cirio –que lleva grabada la imagen del santo- y las dos hachas de cera. Tras los saludos entran en la Basílica

Terminada la celebración sale la Corporación que avanza hacia la Plaza de San Isidoro deteniéndose en la primera raya blanca marcada en el suelo. El alcalde golpea con el bastón tres veces en el suelo y al tercer golpe los concejales se giran por la derecha mirando hacia el templo y se hace la primera inclinación de cabeza correspondida por el Cabildo. Se vuelve a girar hacia la izquierda y continua caminando hasta la segunda raya en la que de nuevo se realiza el giro y la inclinación de cabeza. Nuevamente se gira por la izquierda, se camina hacia la tercera raya, donde se repiten los tres golpes en el suelo, el giro por la derecha y la última inclinación de cabeza con la mano derecha en el pecho. El Cabildo corresponde al saludo con su cabezada particular y en la despedida el abad mantiene en alto su pie derecho durante unos instantes como si quisiera manifestar su deseo de seguir a los representantes municipales. De esta forma finaliza la ceremonia.

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