Podemos decir: Lucia, Belén, Laura, María, Estrella, Alejandra, Gina, Teresa, Susana… así hasta 44 nombres de mujer y no sentir ninguna emoción especial; pero si añadimos que éstos son los nombres de las 44  mujeres asesinadas en España durante este año, víctimas de la violencia de género, deberíamos estremecernos, indignarnos y gritar muy alto, ¿por qué?

Porque un día, una de esas mujeres puede ser tu hermana, tu amiga, tu vecina, tu madre, tu compañera de trabajo… y entonces, ese día será demasiado tarde para lamentarse y buscar soluciones.

Este es un problema de todos, de mujeres y de hombres, de cualquier clase social, cultura, ideología o religión…, no podemos decir: “a mi no me tocará”.

No sólo queremos recordar hoy a estas 44 mujeres asesinadas, hay otras víctimas que viven una muerte silenciosa cada día en sus hogares, son las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia física, psicológica o sexual, mujeres que, en muchos de los casos, no son ni siquiera conscientes de estar sufriendo esa situación porque quizás sigan creyéndose culpables, o justifiquen a su agresor, o crean que la situación puede cambiar cada vez que él se arrepiente, o le promete que no va a volver a pasar; son mujeres atrapadas en la telaraña del amor posesivo y dependiente.

Es por ello por lo que debemos seguir insistiendo en campañas de prevención, informando y previniendo desde todos los ámbitos de la sociedad: desde la familia, con una educación en igualdad, desde los colegios, con una coeducación real, desde el trabajo y desde los poderes políticos.

Éste es el motivo que un año más nos hace conmemorar esta fecha, designada oficialmente por la ONU como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Hoy, más que nunca, existen medidas legales para dar solución al problema del maltrato en el ámbito familiar, la ley integral contra la violencia de género parecía ser el marco legal que nos proporcionaría respuestas; por eso, debemos reflexionar y preguntarnos qué es lo que sigue fallando para que el número de víctimas continúe cada año.

No queremos ni debemos olvidar a las víctimas más inocentes: los menores y las personas mayores, que sufren todo tipo de maltratos y abandonos. Algo estamos construyendo mal en esta sociedad cada vez más violenta donde no somos capaces de resolver los conflictos con la palabra.

Debemos despertar nuestras conciencias ante las injusticias y el sufrimiento; debemos pararnos y sentir que cada muerte, cada acto violento nos hace vulnerables. No debemos quedarnos impasibles ni cerrar los ojos al horror.

La violencia contra las mujeres irá disminuyendo cuando las mujeres dejen de ser ciudadanas de segunda y participen de forma igualitaria en la sociedad. Cuando dejen de estar a la cabeza de las cifras de pobreza, de las listas de desempleo o de sufrir la infravaloración en sus trabajos y los problemas de conciliación de su vida personal, laboral y publica. Cuando se deje de usar su imagen como objeto de consumo, cuando sus palabras se oigan al mismo volumen que las de los hombres y se las visibilice en todos los espacios sociales. Ira desapareciendo a medida que exista una verdadera educación no sexista donde las niñas y niños tengan presente y futuro con las mismas posibilidades.

Abramos todos juntos la puerta del respeto y la igualdad, esa puerta que hoy hemos pintado de morado……….

“Tolerancia cero frente al maltratador, la puerta violeta es tu salida”.

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