poesia orbigo

Mientras en el Órbigo transitan aguas y risas, y cantos que juegan a rodar por su lecho, “Poesía a Orillas del Órbigo”, cumple nueve años. Nueve julios recibiendo versos, dando vida, acercándonos una lluvia purificadora de palabras.

El Órbigo ralentiza su cauce al paso por Veguellina de Órbigo, el río también quiere escuchar a los poetas, quiere transmitir su ritmo, dejar la impronta de sus cantarinas aguas en el poema que cada viernes de julio se forma en ese paraje natural y bello con la presencia de los asistentes, porque los sentimientos de cada escuchante, son fibra para que la poesía fluya por entre los árboles y se bañe en las aguas del río.

Son nueve años de poesía que han dado al paraje, la energía de un oráculo donde descansar de las rutinas que nos envuelven y donde implicar a nuestra mente en las palabras sanadoras de los poemas.

“Poesía a Orillas del Órbigo” ha sido y es un abrazo con las musas, que nos ha llegado gracias a Tomás Néstor  Martínez Álvarez. Él nos puso la poesía en la vera de las aguas que vivifican nuestro pueblo. Él y todos los colaboradores que creen en las palabras vivas que habitan en la poesía. Gracias a todos por este regalo.

El pasado viernes nos pusieron música y palabras en “Poesía a Orillas del Órbigo” dos autores amarrados a las raíces de nuestra tierra, que saben darle a sus versos el calor de la lengua que nuestros ancestros nos dejaron.

“Alcuéntrome,/ na nueche,/ nesti escuro llar,/ onde soi…“ Son unos versos de Fran Allegre. Este autor es de Villarejo de Órbigo y escribe en llionés para que nuestra memoria no pierda su esencia.

“Déixame coyer el tren/ a cada amanecida/ que nos quede por vivir”. Preciosos versos de Abel Aparicio que también nos muestra el idioma de nuestra tierra para que no lo pueda borrar el tiempo.

Mordida existencial: Sin lugar a dudas esta mordida va con mucho cariño para la entrega y el tesón de Helena García Fraile, nuestra eficiente bibliotecaria, sin ella, puede que “Poesía a Orillas del Órbigo” ya no existiera. Creo que fue un paréntesis de dos años, en los que su creador no pudo hacerse cargo y ella tomó el testigo para que en la ribera no se perdieran los versos ni los sentimientos de los poetas, ni los de los asistentes, ni se evaporara la exquisita energía que siempre generan las palabras dichas desde el alma. Gracias Helena por tu pasión a la cultura.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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