madre 1

Los caminos se hicieron recuerdos. Caminos marcando las huellas de tus pies. De tus pies descalzos, en busca de la náusea última del ser. Los caminos se tornaron recuerdos. Los recuerdos hoy, se confunden entre las pisadas no marcadas. Te fuiste tan pronto. Tan pronto anocheció en el horizonte de tu mirada, que he tenido que reconstruir tus dedos, tu boca, la alegría de tu corazón, las ganas con las que te ceñías a la cintura de los días. Llevo más años sin ti, que contigo. ¿Dónde están los caminos que no recorrimos? Tuve que inventarme otra madre, para que no se me perdieran tus risas. Tuve que soñar que estabas ahí, para darme un abrazo, un consejo, una sonrisa de aliento. No soy amiga de dedicarle un día a nada, creo que todos los días son de todo, pero me he puesto blanda, mirando una foto, en la que tú le ofrecías una risa grande, como el alma del mundo, a mi hija, tu nieta. En la instantánea, la aferrabas en tus brazos, como yo me aferro cada día a tu sombra, a las ganas de tenerte, a la angustia de haber perdido tu piel tan pronto.

Hoy, primer día de mayo de un décimo sexto año del segundo milenio de nuestro calendario, un día más de la madre, ya que día de la madre, lo son todos los del año, se me ha puesto un poquito de hiel en la úvula, como queriendo rascar en las heridas del sentimiento, pero no voy a dar tregua a este malévolo sabor. Por el contrario, hoy, me voy a poner una cucharada de tus besos en la nuca, para cerciorarme de que nunca me has dejado, que sigues aquí conmigo y que estás atando con el hilo de la vida, todas las risas que no han sido.

Mordida existencial: Aviso para todos los huérfanos del mundo: Desde el alma de las cosas, os envío un abrazo grande y rotundo, como el beso de una madre, como el pulso de los dedos más cálidos, donde se forjan las caricias y las ilusiones. Las manos de una madre, son las únicas que ofrecen verdadero descanso, en ellas se halla la luz que ilumina los pasos, cuando las tinieblas ciegan el día. En los brazos de una madre, ensayamos el amor, la belleza, la vida.  Los abrazos de la madre, forman las costillas que han de albergar a nuestros pulmones y a nuestro corazón, donde residirán el amor y el conocimiento de la buena energía.

Tu muerte me dejó herida de alegrías, hasta que tu amor, en mí depositado, instauró los caminos de las risas, las sendas de las caricias que forjan el sentido de la existencia, los arroyos de esperanza que mis células han heredado de tus días. ¡Gracias madre, por la esencia que colocaste en estos poros de arcilla!

Manuela Bodas Puente.  Veguellina de Órbigo, León.

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