sones del orbigo 3

El vuelo de las notas, entra en mis vísceras, / como supremo alimento. La piel, hecha / de células cósmicas, sufre una erupción / y las notas van penetrando en los espacios / más recónditos de mis átomos. / Contengo la sal, que respira emoción, / los compases se vuelven magia, / arrancan de mi cerebro, la vuelta a la infancia, / el resurgir de la muchacha que sigue viviendo / en los repliegues de la memoria. / La música habilita espacios dormidos, / y los vuelve emotivos, ancestrales, infinitos, / como la vida misma. Como la misma vida. /  El vuelo de las notas, traduce la alegría, / la nostalgia, la pena, la risa, /  el canto de los días sobre los días. /  La música es el pan del alma, / nos llena de gracia, de pasión, de gozo. /  Nos transporta a las esferas que fraguan los sueños. / Nos lleva en sus alas hasta el horizonte /  donde los verbos, respiran poemas. /  Desde el primer llanto del recién nacido, / hasta la salmodia de los últimos días, /  la música nos viste de gracia. / A unos escuchándola, saboreando / los compases como indispensable maná. / A otros, haciéndola posible / con el don mágico de su elaboración. / Hay una banda en mi pueblo, / hacedora de vida, de magia, de música. / “Sones del Órbigo” se llama y, escucharla, / es escuchar el mismo rumor de la vida, / el mismo rumor del alma. ¡Gracias banda!

Los versos precedentes, quieren ser un homenaje a la “Banda Sones del Órbigo”, que se supera en cada concierto. En el del pasado sábado, dedicado a la Semana Santa 2016, consiguieron unir a todos los asistentes en una emotiva respiración al unísono con los acordes que de la banda surgían. Fue un concierto memorable.

Unido a la impresionante interpretación de todos y cada uno de los miembros, hubo que añadir que tuvimos el honor de tener a un director y compositor, que junto con los músicos hizo las delicias de los asistentes tanto en las dos obras propias como en el resto. David Rivas Domínguez cautivó por su música y por su batuta.

En la segunda parte el director titular, desde que nació la banda, Luís Martínez García de Longoria, logró como siempre hacer llegar a los músicos a su máxima expresión, emocionándonos en cada nota.

Mordida existencial: Sin la música, la fiera que el hombre lleva dentro, saldría aún más a menudo y el caos ya se habría hecho el dueño del planeta. ¿Podríamos entender un mundo sin música?… La música es el mayor lenguaje universal. La música y la risa nos han dado el grado de humanos, nos han hecho más personas y mejores entendedores del otro que no soy yo. La música es terapéutica, me atrevería a pensar que a ningún asistente le dolió nada mientras escucha el concierto, todos estábamos  y vivíamos plenamente el momento presente. Creo que en todos los consultorios del mundo, debería haber al menos, un músico en las salas de espera.

Es de obligada necesidad agradecer el sacrificio que conlleva llegar hasta donde han llegado, a todos los que forman parte de esta aventura musical, desde hace tantos años. Y también de obligada necesidad, cuidar de nuestra banda y protegerla para que pueda seguir haciéndonos tanto bien al escucharla.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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