Lo sacó con un pez en la boca, agonizante, el pez, y el chiquillo también. Pero aquel pez le dio la vida al muchacho, al introducirse en su boca, se convirtió en diamante que negara el paso al agua.

El guarda del río le quitó rápidamente el pez de la boca devolviéndolo al líquido expectante y echó aire en los pulmones del crío, dándole masaje al corazón, para ver si era capaz de evitar que aquella frágil arquitectura humana se quedara a la orilla tan pronto.

Expectante el agua, esperaba acontecimientos, ella sabía algo que nadie se imaginaba siquiera.

Los chicos del pueblo habían ido a jugar a las orillas del Órbigo, como tantas veces, solo que esta vez, había uno que se había sumado a la algarabía. Los demás estaban un tanto extrañados de que el “morrudo”, como le apodaban, hoy se hubiese sumado a los juegos, pero tampoco le hicieron ascos. Sólo su pequeño hermano sintió el pinchazo del miedo en sus entretelas. “Morrudo” se la tenía guardada, su madre le había castigado por culpa de aquel maldito mocoso.

Desde que su hermano había nacido, venía comiéndose los mocos de una angustia que no le dejaba vivir. Todo era para el pequeño cagón, que había nacido enclenque y medio “abobao”. Estuvo urdiendo pétalos de odio durante mucho tiempo, hasta que vio la posibilidad de quitarse de encima  los espinos.

Aquella tarde en el río, se las arregló para que todos se fueran antes. Sólo había que darle al enclenque, un buen empujón en las arribas del limo, y las aguas se encargarían del resto.

Las aguas colocaron el pez en la boca del pequeño, no estaban dispuestas a obedecer a lo siniestro. Cuando el guarda llegó a casa con el pequeño en brazos, un oscuro vuelo inició su huida hacia las nubes del misterio.

Me ha salido una historia que nada tiene que ver… ¿o sí? con lo que quería decir, sobre un libro que acabo de leer y de un personaje Helena Santiago. ¡Perdón! Personaje no, autora, ya que ella está entre la urdimbre de “Nunca el olvido”. Después de acabar esta, su última novela, dudo que ella sea una persona de carne y hueso, creo que ella viene de entre las páginas del libro y ha llegado a convertirse en su autora, después de ser uno o todos sus personajes.

Mordida existencial: La lectura es una extraordinaria manera de conocer a los demás, pero humildemente creo que nos ayuda mucho a conocernos a nosotros mismos. ¿Quién no se ha visto reflejado en algunos de los personajes de los libros, en los que ha estado viviendo mientras los leía? Y por ende, si llegas a considerarte personaje, tu esencia, quedará ya en el libro. Lo mismo le pasa a los autores, o eso creo yo. Pues bien todo esto viene a cuento de que aunque “Nunca el olvido” de Helena Santiago es una historia, o varias, muy contundentes, nos deja un poso de futuro. El olvido puede ser, o es, la muerte, pero si antes de morir has sembrado memoria, seguramente  pellizques un pedacito de eternidad. Lo mejor es leerlo y que cada cual saque sus propias conclusiones. De lo que casi estoy segura, es que desde que lo comiencen, no podrán soltarlo, hasta que lo terminen.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo

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