Todas las cadenas estatales de radio y TV han venido repitiendo incesantemente desde el pasado domingo al día de la fecha -y lo que te rondaré morena-, en todos los telediarios, boletines informativos, entrevistas, debates y tertulias, la destemplada frase del diputado catalán Joán Tardá "Mori al Borbó", frase poco saludable para con la estirpe borbónica, el tribunal constitucional y la tan festejada Constitución de 1978, la juan-franquista.
Es posible que la retórica del mitin en cuestión, hubiera mejorado cambiando algún verbo y tal o cual sustantivo sin levantar la polvareda difundida, amplificada y ventilada "urbi et orbe", con grandes y escandalizadas alharacas, por toda la prensa nacional y de las jons, y por aquella otra que se jacta de independiente y progresista, que a modo de "¡a mí la legión!", han acudido todas prestas a interponer sus mercenarios pechos de hojalata, entre la Zarzuela y los inocuos dardos verbales de un único diputado, lanzados en el fragor de un mitin de provincias y con muy severas razones para estar más que moderadamente enfadado, como lo estamos cuantos asistimos a la moderna reedición de aquel aciago "Bienio Negro", en el que las escasas conquistas obtenidas por años de lucha, sangre y dolor, fueron desmontadas, una a una a un ritmo exponencial, en nombre ˆesta vez- de la convergencia con Europa, la globalización, o la seguridad ante el terrorismo islámico o de cualquier otro pelaje.
Para llamar la atención, en los términos arrebatados en que han venido haciéndolo al unísono, los medios gubernamentales y los de la caverna sobre el eco del discurso de Tardá, sorprende el enorme poder mediático de la batahola informativa desplegada a toda prisa, por la factoría afecta a la constitución juan-franquista, sobre todo si la comparamos con la casi nula cobertura informativa que ha merecido de esos mismos medios, que cinco mil personas portadoras de miles de banderas republicanas, compareciesen el 6 de diciembre en el mismo corazón de Madrid, reivindicando un referéndum en libertad y sin trampas sobre la forma del Estado, es decir por la III República, paralizando ordenadamente la circulación rodada y constituyendo durante varias horas, el centro de atención de decenas de miles de madrileños que, al día siguiente, mostrarían su incredulidad al no ver aparecer en los grandes diarios, ni en las cadenas de radio y TV, la más leve alusión a las imágenes captadas por sus propios ojos el día anterior.
La censura impuesta a los medios, o lo que es más grave, la autocensura impuesta por un vil servilismo, ha negado a los españoles su derecho a ser informados de un evento relevante, merecedor de ocupar un espacio informativo en los grandes medios de comunicación por su contenido, por la forma pacífica en que se desarrolló y por el número de los participantes. Han ocultado a sabiendas la noticia, prostituyéndose a los santones de una democracia de la señorita Pepis, al tiempo que sacaban diligentemente el altavoz, para presentar como un gravísimo atentado contra el Estado, barruntando severos castigos para el infractor, por unas frases pronunciadas con vehemencia, en catalán y en el fragor de un mitin, como expresión de una desilusión, una impotencia y una indignación, que muchos de los que no estábamos allí somos capaces de comprender y compartir.
En España y con la juan-carlista en vigor, hay que soltar algo como lo que dijo Joán Tardá, para que los medios de comunicación se hagan eco de un evento de cuestionable interés informativo, pero que evidentemente no cayó como pétalos de rosa sobre la Judicatura, la Zarzuela y la Moncloa, de tal manera que la palabra de una única persona, ha merecido más atención para los medios de comunicación, que lo que gritaban cinco mil en la madrileñísima Puerta de Sol, o que las listas con los nombres de mas de ciento cuarenta mil personas asesinadas por el franquismo, no hayan sido capaces de mover la conciencia del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, pero que ha bastado la salida de tono de un fogoso diputado, para que la fiscalía corra obediente a echarle todos los perros, dispuesta a aplicarle los rigores punitivos en cumplida defensa de su poderoso señor.
Una lección muy pedagógica de la que tomamos nota- ¡Imposible festejar con mayor coherencia el aniversario de la Constitución juan-franquista!
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